En la historia del helado en las Américas, el país en donde hallamos mas referencias de consumo de algún tipo de helado en época precolombina, es México. De hecho en la historia oral, se hace referencia al conocimiento y comercialización de este dulce y refrescante producto por parte de los xochimilcas.
No podemos comprobar que todos estos relatos sean verdad, en casi todas las tradiciones hay algo de verdad y algo de mito.
Si, como relato es interesante y pintoresco, por lo cual decidimos usar el nombre 20 semillas...
La tradición cuenta que los únicos que inicialmente consumían este producto eran los sacerdotes y los grandes señores, debido a que le otorgaban un sentido religioso.
Se relata que éste era elaborado a base de nieve y hielo, endulzada con miel de tuna o miel de maguey.
Según diversas versiones orales (no comprobadas), el hielo y la nieve eran llevados desde los volcanes Popocatepetl e Ixtacihuatl hasta Tulyehualco (un poblado ubicado en el oriente del Distrito Federal, en la Delegación Xochimilco), y de allí a Chalco (en el actual Estado de México, donde hay un lago), para lo cual se requerían 2 días de trayecto, ya que la distancia entre estos puntos es de poco mas de 50 kilómetros.
Utilizaban sacos (bolsas) de piel en los que se colocaba el hielo, que se cubría con fibras de ixtle (una fibra textil que proviene del maguey del género agave), que evitaban que se derritiera. Una vez en Chalco, procesaban el hielo picándolo y endulzándolo de la manera antes detallada y llenaban vasijas de barro para transportar la nieve en canoa hacia el mercado de Tlatelolco (actualmente las delegaciones de Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero, en Ciudad de México).
En esa época las semillas de cacao solían ser usadas como monedas para compras e intercambios, se informa que con 4 semillas se podía negociar la compra de un conejo, la compañía de una dama podía costar 10 semillas y con 100 semillas se adquiría un esclavo.
Hay referencias que indican que parte de la nieve endulzada y saborizada que sobraba se comercializaba en el mercado de Tlatelolco, donde los nobles guerreros, grandes señores y sus doncellas, podían acceder a este producto abonado un precio elevado:
 ¡20 semillas de cacao!

Por eso el nombre del concurso, alude al valor que le asignó al helado desde su origen.