HACCP: Identificación de riesgos
La mejor prueba de que existe un riesgo en relación a un determinado
producto la suministra la información epidemiológica. Si por el consumo
de un producto particular se descubre una enfermedad transmitida por
alimentos, es indudable la existencia de un riesgo incontrolado. Debe
determinarse su origen e implantar medidas para su corrección. Por
ejemplo, durante los últimos años en EE.UU., el “rosbif” precocido ha
constituido un medio importante para la transmisión de la salmonelosis
al hombre. Originariamente el problema se imputó a un tratamiento
térmico inadecuado. La investigación brindó información al
establecimiento de parámetros seguros de tiempo/temperatura para la
destrucción de las salmonelas. A pesar de las medidas tomadas para
asegurar un tratamiento térmico adecuado, continuaron las apariciones de
los brotes.
Posteriormente se identificaron como causas importantes de estos brotes,
la contaminación cruzada entre productos crudos y cocinados, la
refrigeración lenta y el control erróneo de las temperaturas de
almacenamiento. Remediando estas fallas, se evitó que siguiesen
presentándose brotes. Otro ejemplo, en 1985 en EE.UU. en el que el
consumo de leche pasteurizada provocó más de 16.000 casos de
salmonelosis. En ese mismo año, también en EE.UU otro brote causó más de
40 muertes por infecciones con Listeria monocytogenes, debido a un queso
blando elaborado con leche pasteurizada. En ambos brotes se concluyó que
desperfectos en el diseño, instalación o empleo del equipo produjeron la
contaminación por los microorganismos causantes.
Cuando no se cuenta con evidencia epidemiológica sobre un riesgo
microbiológico, se debe obtener información técnica sobre todos los
aspectos relativos a la producción, procesado, almacenamiento,
distribución y empleo de un determinado alimento que pudieran constituir
un riesgo. Determinar la existencia de un riesgo es más difícil que
cuando la evidencia epidemiológica revela su existencia. Se puede
obtener información correcta sobre la composición del producto y la
influencia de su procesado, pero sin embargo, generalmente es complicado
relacionar esto con los efectos posteriores del almacenamiento,
distribución y empleo del producto, ya que el fabricante del alimento
desconoce los detalles sobre todas las posibles fallas. De esta manera,
se realiza con frecuencia un control excesivo por falta de información
imponiendo protecciones adicionales. Además, independientemente del
sistema de control utilizado, cada etapa de la cadena alimentaria
(productor de materias primas, fabricante, distribuidor, minorista,
manipulador, consumidor) tiene un rol y una responsabilidad en el
control de la calidad y de la seguridad o inocuidad. Si se quiere
someter a análisis de riesgos un producto existente, o un producto
nuevo, deberá consultarse un microbiólogo de alimentos y especialistas
calificados en el proceso y en el producto.
Estos profesionales que disponen de un amplio conocimiento del proceso
(o procesos potenciales), del producto y del empleo que se pretende
darle deberán tener en cuenta como mínimo las siguientes cuestiones
respecto a los posibles riesgos:
1. ¿Cuál es la fórmula del producto?
-
¿Qué perfil microbiológico tiene la materia prima?
-
¿Qué pH tiene?
-
¿Cuál es su actividad acuosa (aw)?
-
¿Se emplean conservantes?
-
¿Se evitará la multiplicación con este pH, aw y/o la presencia de un
conservante?
2. ¿Qué proceso se pretende aplicar?
Considerar aquellas etapas que conducen a la contaminación, o a la
superviviencia o destrucción, por inhibición o multiplicación de
microrganismos que alteran los alimentos o provocan enfermedades
transmitidas por los alimentos. Es útil elaborar un diagrama de flujo
que incluya todas las etapas del proceso (por ej., manipulación,
calentamiento, desecación, refrigeración, fermentación o curado).
3. ¿En qué condiciones se pretende distribuir o utilizar el producto?
-
¿El producto será distribuido a temperatura ambiente, refrigerado o
caliente? ¿Qué envase se utilizará, y si resultará el mismo parte
integral para la estabilidad del producto, como sucede con el
envasado al vacío de carnes frescas?
-
¿Cuál será el margen de vida útil esperado tanto durante la
distribución y almacenado como en manos de la persona que finalmente
consumirá el producto?
-
¿Cómo será preparado el producto para el consumo?
-
¿Qué defectos de manejo es probable que padezca el producto durante
la comercialización o en manos del consumidor?
-
¿El producto será consumido por una población altamente susceptible?
Tomando como base las respuestas a estas preguntas, y afirmándose en la
información restante disponible, un experimentado microbiólogo de los
alimentos puede proporcionar una valoración preliminar de los riesgos
que tiene la manufactura, distribución y empleo del producto. A pesar de
esto, si existen dudas, es beneficioso comprobar la valoración por medio
de la inoculación del producto con gérmenes patógenos seleccionados y
con los potenciales microorganismos capaces de alterarlo. El alimento
inoculado será envasado según las condiciones comerciales previstas y
posteriormente sometido a análisis bajo las condiciones esperadas de
almacenamiento, distribución, manipulación y empleo. Se incluirá también
una valoración de los efectos de la manipulación incorrecta del
producto. En la actualidad, contamos con modelos matemáticos que
predicen la multiplicación, muerte y/o supervivencia de los
microorganismos bajo las condiciones de fabricación, distribución y
venta. Así se sustituyen los análisis tentativos previamente descriptos.
De los factores enumerados anteriormente, las fuentes potenciales de
contaminación, los perfiles de temperatura/tiempo, el pH del producto y
su aw son los más importantes.
Deben también considerarse otros muchos factores en el análisis de
riesgos, incluyendo el diseño higiénico de las zonas destinadas a la
manipulación de alimentos, el diseño higiénico del equipo, los
procedimientos de limpieza y desinfección y el estado sanitario e
higiénico del personal.
Valoración del riesgo o peligro
Con el objeto de que el análisis de riesgos o peligros sea
significativo, éste debe ser cuantitativo. Constituye la valoración de
dos factores en relación con cualquier riesgo o peligro identificado
-probabilidad de presentación y gravedad.
El riesgo (en el sentido técnico del término original “risk”) hace
referencia a la probabilidad de que se produzca un peligro o se
materialice un riesgo (en el sentido del término “hazard”). ¿Aparecerá
siempre, una vez al día, una vez al año? La gravedad hace referencia a
la magnitud de un riesgo. ¿Supone una amenaza para la vida? ¿Enfermarán
muchas personas? ¿Determinará con seguridad una alteración intensa y
grave del producto?.
Por el contrario, ¿las consecuencias serán triviales o insignificantes
en términos de enfermedad transmitida por alimentos o de alteración del
producto? Las respuestas a estas preguntas determinarán los recursos que
se destinan al control del riesgo.
Para entender mejor estos dos conceptos, veamos unos ejemplos:
Peligro grave y probabilidad de presentación reducida: La multiplicación
y la producción de toxina por Clostridium botulinum constituye un riesgo
o peligro grave en carnes curadas y enlatadas almacenadas tras recibir
un tratamiento térmico inferior al preciso para anular el riesgo de
botulismo. Aunque se multiplicarán los gérmenes de Cl. botulinum cuando
son inoculados en tales productos, se han producido millones de
toneladas de carnes curadas y enlatadas que han sido almacenadas
manteniendo controlado el peligro del botulismo.
Peligro grave y probabilidad de presentación alta: Brotes graves de
salmonelosis y de listeriosis atribuidos a un diseño o empleo incorrecto
del equipo. Estos brotes epidémicos manifiestan la existencia de un
riesgo (leche contaminada no pasteurizada) que es grave y de una
probabilidad de presentación que es elevada, es decir, más de 16.000
casos de salmonelosis, más de 40 muertes por listeriosis.
Peligro de escasa gravedad y probabilidad de presentación elevada: El
almacenamiento de leche a temperatura elevada (55°C) tras su
pasteurización. En este caso el riesgo radica en la multiplicación de
gérmenes termófilos. Si se mantienen las condiciones defectuosas de
tiempo/temperatura y los gérmenes se hallan presentes en el producto,
resulta elevada la probabilidad de multiplicación de termófilos. No
obstante, la gravedad del riesgo o peligro es reducida si, con una
refrigeración posterior, la multiplicación de termófilos no alcanza para
producir cambios organolépticos en la leche.
Peligro de alta gravedad y probabilidad de presentación elevada: La
presencia de bacterias termófilas formadoras de esporos en el azúcar
usado para preparar maíz enlatado. El producto permite el crecimiento de
gérmenes termófilos y puede ser distribuido y almacenado en condiciones
de elevadas temperaturas que permiten la multiplicación y que se
produzca alteración.
Se fija o establece el riesgo o peligro y se controla su posibilidad o
probabilidad de presentación. Es decir, en el caso de los gérmenes
termófilos en las materias primas usadas en un producto enlatado, la
presencia de termófilos es el riesgo o peligro. La posibilidad de que
provoquen alteración es muy baja en un producto que se venda en un país
de clima templado, pero es alta en un país tropical.
Los aspectos cuantitativos del análisis de riesgos son importantes y su
valoración requiere una considerable experiencia técnica. A partir de
estas valoraciones serán identificados los puntos críticos (PCCs) en los
que puede ser controlado el riesgo o peligro. Si no existen tales PCCs,
y se juzga que son altos tanto la posibilidad de presentación como la
gravedad del riesgo o peligro, es probable que el producto no sea
producido. Es evidente que no es aceptable modificar un proceso,
producto o sistema de envasado para disminuir la posibilidad de
alteración si los cambios aumentan la posibilidad de que se produzca una
enfermedad transmitida por alimentos.
El análisis estructurado de riesgos supone la obtención de datos de
muchas fuentes. La suma de información disponible para el microbiólogo
de los alimentos intervendrá de carácter significativo sobre el éxito
del análisis de riesgos. La primera etapa en la aplicación del sistema
HACCP para un determinado alimento requiere experiencia técnica y
también se deben conseguir respuestas a preguntas técnicas. La
naturaleza de estos datos, combinada con la experiencia del
microbiólogo, influirá considerablemente en la precisión de los
pronósticos sobre los riesgos. Los pronósticos incorrectos aumentan
mucho el costo de la implementación de un sistema HACCP y no proveerán
la seguridad esperada cuando se obtengan los resultados del análisis del
riesgo. El análisis de riesgos deberá aplicarse a todos los eslabones de
la cadena alimentaria, es decir, desde la producción hasta el empleo
final por el consumidor. Los riesgos o peligros y su correspondiente
probabilidad o posibilidad de presentación que no han sido considerados
o controlados en una etapa pasan a la siguiente, y finalmente al
consumidor.
Si se consideran supuestos incorrectos en relación a la manipulación del
alimento en fases posteriores de la cadena alimentaria, pueden
presentarse riesgos no pronosticados. El análisis de riesgos y la
identificación de los PCCs permitirá especificar los criterios de
control y los procedimientos de comprobación o vigilancia para asegurar
que dichos puntos se encuentran bajo control. En esto consiste el
sistema HACCP.
Si aparecen problemas cuando los PCCs han sido correctamente controlados
y comprobados o monitorizados, se debe a que no se ha identificado un
determinado riesgo o a que la posterior manipulación del producto (por
ejemplo en operaciones realizadas en la preparación y servicio de
alimentos o en los hogares) puede ser diferente de la que supuso en el
análisis inicial de riesgos. La presentación de un riesgo inesperado
desencadenará una posterior valoración de los riesgos, así como cambios
en materias primas, elaboración, distribución o condiciones de empleo.
El análisis de riesgos se repetirá siempre que se sospeche que han
cambiado ciertos riesgos o peligros y/o la posibilidad de su
presentación. |