Enfoque del HACCP para controlar la inocuidad de los alimentos
Tradicionalmente, el control de los alimentos se llevaba a cabo
comprobando si la operación o el proceso al cual se someten, cumplía con
los requisitos comerciales y las leyes vigentes. El personal encargado
de controlar la calidad y los inspectores que hacen cumplir las
normativas legales, han examinado habitualmente la operación o el
proceso para asegurarse de que se adoptan buenas prácticas; y además han
tomado muestras del producto final para su análisis en el laboratorio.
Podemos concluir entonces que el control de los alimentos se ha basado
en dos pilares: la inspección y el posterior análisis del alimento. Los
vamos a analizar por separado señalando sus fortalezas y debilidades.
Inspección
A lo largo del tiempo, se han dictado innumerables ordenanzas,
códigos de práctica y leyes sobre procesado, manipulación y venta de
alimentos. Los organismos locales, nacionales e internacionales han
dictado todas estas ordenanzas para proteger al consumidor de
adulteraciones, fraudes y enfermedades. La aplicación de tales normas se
ha basado principalmente en los procedimientos de inspección.
Sin embargo se reconoce que tienen graves inconvenientes. Esto se debe a
que muchas de estas leyes contienen términos imprecisos con respecto a
los requisitos establecidos, es decir, términos que no especifican con
claridad en qué consisten los requisitos. Esto se demuestra inclusive en
leyes recientes sobre alimentos, tales como la legislación de la FDA (Food
and Drug Administration of the U.S.A.) que describe las denominadas Good
Manufacturing Practices (GMPs) o Buenas Prácticas de Manufactura (BPMs)
(FDA, 1969) y los Códigos de Prácticas Higiénicas, preparadas por el
Comité de Higiene de los Alimentos de la Comisión del Codex Alimentarius
FAO/OMS. Debido a la insuficiencia de especificidad y a la carencia de
indicaciones sobre la importancia relativa de los requisitos, gran parte
de la interpretación para su aplicación queda a reserva del inspector.
Además, las normas y/o el inspector pueden fracasar en la diferenciación
entre requisitos importantes y requisitos relativamente poco
importantes. Con este accionar erróneo se pueden subestimar factores
críticos para la sanidad e incluso pueden originarse faltas en la
distinción entre factores críticos para la sanidad de los alimentos y
factores relacionados con la estética.
Como ya mencionamos, desde fines de los años 1960-70, la Food and Drug
Administration de EE.UU., ha publicado las normas Good Manufacturing
Practices (GMPs). Estas normas pretendían normalizar la aplicación de
una sección de la Ley sobre Alimentos, Fármacos y Cosméticos y
proporcionar la mejor orientación a los fabricantes de alimentos sobre
los requisitos de esa sección de la Ley.
Estas normas generales o “paraguas” se aplicaron en abril de 1969 y se
utilizaban expresiones como las siguientes:
-
“límpiese con la frecuencia necesaria”
-
“recipientes apropiados”
-
“cuando sea necesario para evitar la introducción de microrganismos
indeseables”
-
“métodos idóneos de limpieza y desinfección”, etc.
Es evidente el uso de términos poco o nada concretos para orientar tanto
al elaborador y manipulador de alimentos como a la autoridad responsable
de su regulación. Esto determinó que los juzgados de los EE.UU.
concluyeran que las normas GMPs llamadas “paraguas” no poseían fuerza
legal, por su caracter general.
Seguidamente, la Food and Drug Administration de EE.UU. adoptó
regulaciones GMP detalladas para determinados alimentos. Estas GMPs
tienen fuerza de ley y por el contrario, en ellas se hace referencia a
los equipos y procedimientos de forma específica. El fabricante conoce
puntualmente como debe proceder, y el inspector puede establecer
fácilmente el cumplimiento de los requisitos. La nueva regulación se
centró en los puntos críticos existentes en la producción de los
distintos alimentos, cuyo control resulta esencial para asegurar la
obtención de un producto inocuo y saludable.
Pero en el enfoque de la inspección, no solo existen problemas
relacionados con la utilización de términos no concretos. También están
presenten otras dificultades, como por ejemplo, la periodicidad de las
visitas a la empresa por parte del inspector. Para determinar si
funciona de acuerdo con la legislación aplicable, el inspector solo
cuenta con las observaciones hechas en el día de la visita y conoce de
forma más particular lo que sucede en el segmento observado del proceso
total.
Por lo tanto, en el momento de determinar si la empresa cumple con la
ley o no, las observaciones pueden ser interpretadas de manera
incorrecta. El inspector puede seleccionar y revisar puntos a los que da
más importancia según su opinión. El estudio del proceso o de los
registros de pruebas de laboratorios pueden incluso carecer de
importancia real con respecto al control de los riesgos microbiológicos.
Podemos citar el caso del sacrificio de los animales y el procesado de
la carne, que en algunos países, se realiza bajo la inspección continua
de las instalaciones y de las operaciones. Sin embargo, hasta los
inspectores que trabajan tiempo completo y están presentes de forma
continua, no pueden inspeccionar cada operación importante en un proceso
complejo.
Además, este accionar se centra en la sanidad animal mediante la
inspección a priori y a posteriori del sacrificio. El fin principal es
rechazar las carnes para el consumo si estas proceden de animales
enfermos y asegurar también, que las operaciones de sacrificio y
carnización se realicen en buenas condiciones sanitarias. Los
inspectores permanentes son responsables de una amplia área de
actividades, pero poco tienen que ver directamente con el control de los
riesgos microbiológicos.
A pesar de la inspección continua, las carnes rojas y de aves son las
causantes de muchas enfermedades transmitidas por alimentos. Esto es
debido a que los procedimientos de la inspección clásica no alcanzan a
detectar los portadores de Salmonella, Campylobacter, etc. Por otro
lado, las prácticas llevadas a cabo actualmente en los mataderos, no
impiden que estos gérmenes contaminen las canales. Si además agregamos
los peligros que surgen durante la posterior manipulación de la carne en
las cocinas de los distintos establecimientos, ya sean restaurantes,
hoteles, comedores, y en los propios hogares, encontramos frecuentemente
la aparición de enfermedades transmitidas por los alimentos. Tener que
diferenciar entre los factores que son esenciales para la sanidad /
inocuidad de los alimentos y aquellos otros factores que resultan no
importantes, presionan inútilmente la actividad de las personas
responsables del comercio de alimentos, obligándolos a cumplir todas las
facetas de la ley.
De esta manera, se pierden sus esfuerzos para controlar con eficacia los
riesgos microbiológicos. Todos estos claros obstáculos no eliminan la
necesidad de la inspección para el control de los riesgos
microbiológicos, y sabemos que su práctica es un hecho absoluto en todo
el mundo.
Análisis
Si consideramos la histórica relación del hombre con la alteración
de los alimentos y con las enfermedades transmitidas por ellos, vemos
que el análisis microbiológico, utilizado para intentar establecer si un
alimento es microbiológicamente peligroso, tiene un origen reciente. Hay
muy pocos ejemplos en los que los criterios microbiológicos se hayan
aplicado con éxito en el control de los alimentos. Podemos citar sin
embargo, el ejemplo del agua potable, cuyos controles microbiológicos
han protegido la sanidad pública. Objetivamente, la aplicación del
análisis para el control de los riesgos microbiológicos en los alimentos
presenta graves limitaciones, y entre las más importantes podemos
nombrar:
1. El problema en la toma de muestras y el análisis de un número
adecuado de unidades de muestra para obtener una información
significativa sobre el estado microbiológico de una partida de
alimentos;
2. Las limitaciones en tiempo y en costo para obtener resultados.
Por ejemplo no es práctico mantener alimentos perecederos esperando
los resultados de los análisis microbiológicos, y en el caso de
productos estables es necesario un almacenamiento que se traduce en
mayores costos. Además, por medio del análisis microbiológico de los
productos, solamente se identifican los efectos y generalmente no se
identifican ni se controlan las causas de las posibles
contaminaciones.
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