En la entrega anterior hablamos de la necesidad de determinar la calidad
apetecida por los consumidores que en su conjunto conformen una significativa
masa crítica.
Una vez que – por el método que elijamos- se determine la calidad (estándar)
deseada; debemos acompañarla con el otro condicionamiento que imponen los
consumidores: el precio que están dispuestos a pagar.
A partir de allí y al desarrollar las recetas para lograr la calidad apetecida o
estándar, encontraremos una realidad que se llama costo, que no debe incorporar
solamente los insumos. Hay que considerar: mano de obra, mermas, energía,
fletes, alquileres, impuestos y sobre todo los costos ocultos. La diferencia
entre el costo total y el precio marcará la rentabilidad del negocio y su fuerza
competitiva.
Hay componentes del costo que cada retail lo puede manejar individualmente. Por
ej. La eficiencia de la mano de obra o la contención de mermas o la optimización
del uso de la electricidad en la fabricación pueden estar al alcance de cada
productor. Aún así al productor le sería útil contar con datos indicativos que
le permitieran conocer mejor donde está parado. El volumen a fabricar o el
equipamiento utilizado, pueden mostrar algunas diferencias sobre las que sería
muy bueno contar con información para tomar decisiones a tiempo.
Sin embargo hay otros componentes que no solamente no están al alcance
individual, sino que lo descolocan competitivamente: por ej. No paga el mismo
precio por kilo de leche en polvo aquel que compra 100 bolsas por semana de otro
que solo compra 1 bolsa en igual período.
Probablemente – y cada retail de helado lo sabe bien - el 80% de la venta se
concentra en no más de 10 gustos (aunque tenga 30 ó 40 en exposición) y de estos
gustos probablemente 3 ó 4 insumos ocupen el 80% del costo–costo. En otras
palabras, una enérgica y contundente acción sobre estos limitados actores del
costo puede incidir sobre una parte importante del resultado final.
Hay otros componentes del costo cuya optimización - a veces - no está al alcance
de todos. Por ej. La incidencia impositiva o de las cargas sociales no siempre
se conocen o se aplican con la justeza necesaria que permite la legislación
vigente. Pero debemos admitir, también, que el acceso a un adecuado
asesoramiento no está- como ya se dijo- al alcance de todos.
Y que decir de los valores locativos que se convienen al momento de firmarse
contratos sin contar con la debida información sobre lo que está pasando en el
mercado de las locaciones.
En la entrega anterior decíamos que si un productor de helado artesanal toma
seriamente estas cuestiones tropezará con un importante escollo práctico: el
cómo hacerlo.
Y es precisamente a donde queremos llegar. Tener un precio líder de $16 el
kilogramo del helado artesanal o calidad premium, en medio de miles de
productos, alimenticios o no, que han bajado dramáticamente ya sea en su valor
habitual o a través de ofertas, produce necesariamente una retracción de la
demanda sobre nuestros productos por una descolocación competitiva natural. Por
ello seguiremos razonando con los lectores un camino para retomar el espacio de
mercado perdido y salvar los escollos que hoy traban su desarrollo.