Sabores ¿copiar o innovar?
“Quiero hacer un dulce de leche igual al de fulano”, “Tengo que
conseguir la receta del chocolate que hace mengano”, “Necesito copiar el
sambayón de zultano”.
Esta es la inquietud de muchos heladeros, especialmente de aquellos que
están comenzando y tratando de imponer su producto en un mercado que
todos sabemos es altamente competitivo.
El tema es: ¿conviene realmente copiar los sabores de otros? Depende. Si
va a instalar la heladería en un lugar remoto y la gente pide un sabor
que probó en un viaje de vacaciones pero no lo encuentra en la zona, tal
vez sea buena idea.
Pero, si va a instalarse frente al competidor a quien quiere imitar,
puede convertirse en un problema, ya que el cliente estará
permanentemente comparando. Y convengamos en que lo más probable es que
quien desarrolló un sabor lo haga mejor que quien lo imita.
Finalmente ¿por qué el competidor se hizo reconocido por determinado
sabor? Probablemente porque CREÓ un sabor novedoso o por lo menos tomó
un sabor clásico y le imprimió su sello personal.
Entonces en lugar de copiar el tono de sabor, sería bueno tratar de
conseguir una calidad similar o superior a la de la competencia, pero
con un toque distintivo.
Aquí hay dos técnicas que resultan muy útiles para lograr sabores
innovadores: la saborización (con especias o bebidas alcohólicas) y la
combinación de sabores.
Así se obtiene un producto característico que no tenga un punto de
comparación. Por ejemplo: un sambayón, que además de yemas, crema,
azúcar y marsala, tenga un corte con oporto, whisky, un toque de canela,
(o lo que nuestra imaginación y paladar sugiera), se distinguirá del de
la competencia no como mejor o peor sino diferente.
Un chocolate de muy buena calidad, al que le agreguemos unos gramos de
cognac o tonalicemos con café, un toque de rhum en el dulce de leche o
unas gotas de esencia de avellana, cascaritas de limón en la base de
vainilla, pimienta negra recién molida en las frutillas a la crema, un
toque de menta en el limón al agua y así por el estilo.
¿Y qué hay de las combinaciones? Pues hay que perderles el miedo. La
industria del yogur y la de los jugos para preparar nos dan el ejemplo y
de hecho son una buena fuente de “inspiración”. Hemos probado la
combinación kiwimelón, queda muy buena, pero también resulta sabroso
combinar el kiwi con ananá o con frutillas. O incorporar dulce de leche,
o una banana licuada al mix de chocolate.
Si se trabaja sobre base blanca y saboriza con pasta, no hay que tener
miedo a combinar pastas, por ejemplo: reemplazar una parte de pasta de
durazno con pasta de naranja de modo que se realce el sabor del durazno
sin que se alcance a distinguir el sabor que lo está modificando.
Reemplazar parte de la crema de leche por queso crema en sabores como el
tiramisú, mascarpone o cheese cake, ayuda a mejorar mucho la textura y
logra que el helado se asemeje mas al postre tradicional, pero en un mix
de dulce de leche, tal vez nos suene extraño pero logramos un corte muy
interesante.
Otra opción es variar el sembrado, combinando salsas y frutas con masa
de pionono, vainillas o galletas trituradas.
Y esto de innovar es valido también para quien lleva años en el mercado
y tal vez, en su momento desarrolló sabores novedosos. ¿Por qué innovar
entonces, si ya la imagen de la empresa está instalada en el público?
Para mostrar a la clientela que uno se interesa en mejorar su servicio y
para atraer a un nuevo segmento de personas que quizás antes no
encontraba en el listado un sabor que lo atraiga.
Por supuesto, cada uno determinara cual será la política de su empresa,
pero si se anima a innovar, no se arrepentirá.
M. Gloria Molinas y Vedia
Dto. de Desarrollos
Mundohelado.com