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El café:  Cultivo de Coffea

Coffea arabica 

Fue descripta primero por Linnaeus en 1753. Las variedades más conocidas son “Typica” y ”Borboun” pero se han desarrollado de estas muchas cepas y cultivares diferentes, como caturra (Brasil,  Colombia), Mundo Novo (Brasil), Tico (Centro-américa), el enano San Ramón y la Montaña Azul jamaicana.

 La planta arábiga media es un arbusto grande con hojas ovaladas verde oscuro. Es genéticamente diferente a otras especies de café, teniendo cuatro juegos de cromosomas en lugar de dos. Las frutas son ovales y maduran en 7 a 9 meses; normalmente contienen dos semillas planas (los granos de café). 

El café de Arabica es a menudo susceptible al ataque por pestes y enfermedades, por consiguiente la resistencia es la mayor meta de los programas de cultivo. El café de Arabica es cultivado a lo largo de América Latina, en África Central y Oriental, en India y en cierta medida en Indonesia.

Coffea canephora - Robusta 

El término “robusta” es en realidad el nombre de una variedad de esta especie extensamente cultivada. Es un arbusto robusto o árbol pequeño que crece hasta 10 metros de altura, pero con un sistema de raíz poco profundo. Las frutas son redondeadas y tardan 11 meses en madurar; las semillas son de forma oval y más pequeñas que las de C.arabica. El café  Robusta se cultiva en el oeste y centro de África, a lo largo del sudeste de Asia y también en menor extensión en Brasil donde se la  conoce como “Conilon”.

Coffea liberica

El café Liberica crece como un árbol fuerte y grande, hasta 18 metros de altura, con hojas coriáceas grandes. Las frutas y semillas (los granos) también son grandes. El café Liberica es cultivado en Malasia y en África Oriental, pero se comercializan sólo cantidades muy pequeñas por la baja calidad de su sabor.

Coffea arabica se puede cultivar en una extensa área geográfica comprendida entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio. En general, se supone que la planta es una especie que progresa en tierras altas, con un rango óptimo de temperaturas entre 15 y 24°C. A más de 25°C se reduce la capacidad fotosintética. Coffea arabica es relativamente vulnerable a las en­fermedades y la incidencia de la roya aumenta con la tempera­tura. Como todas las especies de Coffea, C. arabica también se ve negativamente afectada por las bajas temperaturas y es muy susceptible a las heladas. Los árboles también pueden sufrir daños a causa de vientos fuertes y de la baja humedad, por tal motivo se necesita usar árboles para proporcionar sombra, deflectores para el viento y la toma de medidas preventivas contra las heladas.

La precipitación media anual en la mayoría de las zonas productoras de C. arabica varía entre 1.500 y 2.000 mm. Sin embargo, en África Central y Oriental se puede cultivar con una pluviosidad de sólo 1.000 mm siempre y cuando se realice el riego adecuado para completar la humedad necesaria. Un periodo de falta de agua previa a la floración es provechoso ya que reúne la floración y proporciona una estación bien limitada para la recolección. El esquema de pluviosidad óptimo es un periodo de 9 meses de lluvias parejas y un periodo seco de 3 meses. No obstante, en ciertas zonas como Kenia ecuatorial, norte de Tanzania y Colombia, hay dos estaciones húmedas y dos estaciones secas cada año, con una consecuente cosecha doble.

Coffea arabica puede prosperar en una gran variedad de suelos de orígenes geológicos heterogéneos. Los suelos volcánicos, que poseen una alta capacidad de intercambio básico, son los más adecuados para todas las especies de Coffea. A pesar de esto, los suelos deben además tener las características físicas correctas.

Estas características se detallan a continuación:

Las raíces necesitan mucho oxígeno, por ello, los suelos arcillosos o poco drenados no son apropiados. Por otro lado, los suelos arenosos y poco densos carecen de la capacidad suficiente de retención de agua.

Coffea arabica es una planta de polinización interna y homocigota que se propa­ga habitualmente a través de semillas. En países como Kenia y Brasil se ha planteado la propagación vegetativa mediante “esquejes” con el fin de introducir híbridos re­sistentes a las plagas y enfermedades. Otro método propuesto es el cultivo de tejidos, con el cual se logra obtener grandes cantidades de material seleccionado de manera rápida. Para otorgarle resistencia al ataque por parte de los nematodos, en Guatemala y en El Salvador, con frecuencia se injertan los vástagos de C. arabica en C. canephora. Pero este sistema acarrea el inconveniente de necesitar mano de obra altamente especializada, por lo que su uso es limitado.

Fuente de información

Varnam, Alan; Sutherland, jane P. Bebidas: Tecnología, química y microbiología. Zaragoza, Acribia 1996

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