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Las semillas de café se obtienen a partir de bayas de café maduras provenientes de árboles seleccionados. A las bayas se les extirpa la pulpa y se fermentan para separar el mucílago. Estas semillas se plantan inmediatamente o se secan para utilizarlas posteriormente. En condiciones normales se pueden mantener las semillas con una viabilidad satisfactoria durante aproximadamente 6 meses; aunque si las semillas se mantienen a una temperatura de 15°C y con una humedad del 41%, se puede extender este periodo.
Primeramente se hace crecer el café hasta que alcanza el estado de plántula y entonces se trasplanta al campo. Hoy en día se utilizan bolsas de polietileno rellenas con mezcla de tierra en vez de los tradicionales semilleros.
No obstante, el uso de estas bolsas es costoso, por lo que se emplean en algunos casos, recipientes que se fabrican a mano con materiales locales (hojas de banano por ejemplo). Es más barato producir plántulas pequeñas que requieren menos espacio en el semillero y cuyo trasplante se realiza antes. Si las plántulas se transplantan con un tamaño mayor, sobreviven mejor en condiciones de sequedad y comienzan a producir antes.
Cuando se debe elegir nuevas zonas para el cultivo, se debe obrar con cautela, incluso en las áreas productoras de gran tradición. Se debe asegurar que el suelo sea apropiado y además es necesario tener en cuenta las facilidades de acceso al lugar para la maquinaria agrícola (en el caso de que se vaya a emplear) y considerar los problemas derivados de la erosión. Es importante considerar las áreas con pendientes y las zonas en las que las plantas están expuestas a los vientos dominantes o al sol del atardecer, ya que esto las afectaría en forma negativa durante la estación seca. Como se notó previamente, deben también evitarse los lugares en los que las plantas estén amenazadas por las heladas.
La tierra se suele limpiar antes de plantar las plántulas, según ciertas prácticas locales. Después del despeje es usual sembrar cultivos anuales o cultivos para “abono verde” durante 1 o 2 años, para erradicar las hierbas malas y los arbustos persistentes. En Centroamérica y Colombia, no es frecuente aclarar el suelo porque la vegetación natural se colecta a lo largo de la línea de plantación prevista y se eliminan las malas hierbas en una pequeña zona alrededor de cada plántula. A medida que se desarrolla el árbol del café, la cubierta protectora que proporciona la vegetación natural se va reduciendo progresivamente.
La plantación de las plántulas se debe planificar para que puedan arraigarse antes del final de la estación seca. En África Oriental se hacen surcos profundos para dejar el subsuelo a la intemperie durante 1 a 2 meses y después se rellenan con una mezcla de tierra superficial, fertilizantes a base de fosfatos y estiércol animal. Para disminuir los problemas que causan las infecciones con Fusarium, las plantas deben plantarse a la misma profundidad a la que estaban las plántulas en el semillero. En el momento de realizar la plantación se emplean insecticidas en lugares en los que las plagas del suelo constituyen un problema significativo.
Es necesario proteger las plántulas del sol, en especial aquellas con poca raíz. Para dar sombra se suelen plantar leguminosas de ciclo corto por un periodo de hasta 2 años, mejorando así el nivel de nitrógeno del suelo. Cuando no es preciso proporcionar una sombra total se usan cultivos de cobertura para proteger las plántulas. Cuando es preciso, la hierba también sirve para construir protecciones contra las heladas durante el primer invierno luego del trasplante. Para protegerlas de las heladas se pueden plantar las plántulas en grupos. En situaciones en las que el viento es un problema grave, se plantan árboles protectores en disposición de ángulo recto hacia el viento dominante.
El espaciamiento entre las plántulas está esencialmente determinado por la necesidad de hacer máxima la producción de los árboles adultos. En condiciones ideales esto conlleva la adquisición de una bóveda vegetativa para aprovechar al máximo la luz solar. No obstante, es necesario considerar otros factores como la accesibilidad para la recolección y para otras operaciones, la variedad y el sistema de poda que se vaya a adoptar. Existen dos disposiciones básicas:
Espaciamiento convencional
Se plantaba en líneas rectas, pero había erosión del suelo, por lo que ahora se planta en líneas curvas al mismo nivel. En este sistema los árboles se plantan cada 2,0-2,75 m en la misma línea, dejando una separación de 3 m entre las líneas. La plantación en líneas al mismo nivel se combina con otros procedimientos para reducir la erosión. La principal desventaja de las plantaciones con espaciamiento convencional es la baja producción durante los primeros años, cuando sólo se aprovecha una pequeña parte del suelo y del espacio aéreo. El máximo de producción se alcanza después de 6-7 años de efectuada la plantación, cuando se recolecta la tercera o la cuarta cosecha.
Alta densidad
Se reduce la distancia entre los árboles, con el consecuente alto grado de cobertura del suelo durante los primeros años se limita el desarrollo de las malas hierbas y se reduce la erosión del suelo. Pero también puede llevar a una densidad excesiva que requiere una poda intensa o la realización de un despeje mediante la eliminación de algunos de los árboles. Se han estudiado diferentes sistemas de plantación en alta densidad. Un sistema popular es la plantación en “seto”, es decir, con plantas muy cercanas en líneas separadas por una ancha “calle”. Se han realizado plantaciones con seto simple, doble y triple, pero los rendimientos más altos se consiguen con plantaciones de seto simple, que reducen los problemas de competición y el exceso de sombra. Para las variedades de tamaño normal un espaciamiento de 1,5 m entre árboles y de 2,75 m entre líneas proporciona un elevado rendimiento y permite el paso de maquinarias para fumigar.
Aunque el uso de plantas temporales de sombra es una práctica habitual en muchos países, existen ventajas y desventajas y las decisiones relativas a su aplicación deben basarse en las consideraciones climáticas. Idealmente, los árboles para aportar sombra deben reducir la intensidad lumínica alrededor del 25% y de una forma uniforme. Para que no compitan con los árboles del café por la humedad y por los nutrientes se deben emplear árboles para sombra de raíces profundas. Además, con el uso de estos árboles se obtienen nutrientes de las capas de suelo más profundas que se transfieren a la capa superficial a través de las hojas muertas. Los árboles para sombra más importantes son: Inga spp. en Centroamérica, y Albizzia spp. en África y en Asia. Por consideraciones ecológicas, recientemente se ha difundido el uso de Leucaena leucocephylla, que juega un importante rol en la conservación del nivel freático. Se puede aportar sombra de una forma económica dejando algunos de los árboles iniciales durante el roturado de la selva destinada al cultivo del café, pero este método no es muy satisfactorio porque existe competencia con los árboles del café.
En numerosos casos sólo se requiere una protección contra el viento durante los primeros 2 años tras la plantación. No obstante, en las áreas principalmente expuestas es necesaria una protección permanente.
En áreas de baja pluviosidad se requiere la adopción de medidas especiales:
El acolchado
Presenta ventajas y desventajas, pero en zonas de baja pluviosidad sus ventajas bien sobrepasan a las desventajas, y se logra como resultado un aumento de la producción. Sin embargo, puede producirse una reducción en la calidad del extracto de café. En las zonas en las que la pluviosidad es alta no se obtiene ningún beneficio o este es muy pequeño. En las grandes plantaciones se emplean cultivos de acolchado particulares, el pasto de elefante y el pasto del Sudán. Como alternativa se puede cortar la hierba autóctona para ser empleada como acolchado, o sino utilizar paja de trigo o de maíz. El acolchado se suele combinar con un sistema de control de hierbas malas mediante la aplicación de herbicidas, aportando de esta manera una cantidad adicional de acolchado. Así una capa de acolchado en progresiva descomposición perdura y promueve el desarrollo de las raíces e incrementa la absorción de nutrientes.
El riego
Se considera necesario cuando la precipitación media anual es cercana a los 1.000 mm, siendo una práctica común en las plantaciones de África. Los momentos críticos son la floración, el período de crecimiento de bayas y el de desarrollo de la materia seca. El riego no prescinde del acolchado y el mayor provecho económico se logra con la combinación de estos sistemas con el control de enfermedades, plagas y uso de fertilizantes. Existen diversas técnicas de riego. El riego por goteo es el más apropiado, pero el costo en capital de su inversión inicial por instalación es muy elevado, por lo que es más habitual usar riego de superficie o sistemas de aspersión. Los sistemas de aspersión son apropiados para el riego de áreas con relieves ondulados.
Fuente de información
Varnam, Alan; Sutherland, jane P. Bebidas: Tecnología, química y microbiología. Zaragoza, Acribia 1996
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