Conservación de la leche
(segunda parte)
Ebullición: La ebullición de la leche o su calentamiento con
vapor fluente destruye todos los microbios salvo los esporos, mas
origina también cambios en la leche con pérdida de su aspecto general,
palatabilidad, digestibilidad y valor nutritivo.
Empleo De Vapor a Presión: Para la obtención de leche de buena
calidad es esencial enfriarla tan pronto como se obtiene. El seleccionar
temperaturas de enfriamiento de 10 ºC o inferiores se debe a que el
crecimiento, si hay alguno, de las bacterias que más frecuentemente
abundan en la leche y que mejor se desarrollan en ella, es escaso,
mientras que los gérmenes patógenos no son capaces de multiplicarse.
Después de pasteurizada la leche debe también enfriarse a 10 ºC o menos.
Congelación: Los helados y otros postres lácticos se congelan
durante una fase de elaboración conservándose a temperaturas bajas en
estado de congelación, lo que hace imposible la multiplicación
microbiana. La carga microbiana de los ingredientes (leche, crema,
azúcar, huevos, estabilizadores y sustancias aromáticas y colorantes)
junto con la contaminación que ocurre durante su elaboración,
determinarán el número y clase de gérmenes existentes en la masa madre y
en el producto después de pasteurizado y congelado.
Refrigeración: Se recomienda el empleo de temperaturas de
refrigeración con la leche y productos derivados mientras se encuentran
almacenados en la central, en los despachos y durante su distribución e
incluso hasta su consumo en los hogares y restaurantes.

Bibliografía:
Microbiología de los alimentos. W. C. Frazier
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